¿Y dónde meterán a tanto delincuente?

¿Y dónde meterán a tanto delincuente?

HARÁ COSA DE VEINTE años atrás el entonces gobernador Manlio Fabio Beltrones se enfrentó a la inseguridad pública sobre todo contra los secuestradores, de una forma macabra pero atinada: publicitó en todos los medios informativos la muerte de varios delincuentes en enfrentamiento contra judiciales.

No sé si los muertitos que se publicaron eran reales o no, tampoco sé si eran secuestradores aunque el boletín de aquel entonces decía que si lo eran y así se manejó la información.

¿Qué ocurrió?, el mensaje no era para el ciudadano común, sino para ese tipo de delincuentes que se habían convertido en azote de empresarios. Y funcionó, claro está, aunado a la capacitación en Israel de un grupo de agentes de la policía judicial que actuaron conforme a la enseñanza del ejército judío que no toma prisioneros.

Hasta la fecha el problema de los secuestros no está considerado un problema serio en Sonora.

Hará cosa de 25 años existió por mucho tiempo en la policía municipal el llamado Departamento de Investigaciones que se demostró su ilegalidad constitucional y lo desaparecieron. Pero mantenía a raya a los raterillos y drogadictos de los barrios bajo una práctica de impunidad tolerada por la autoridad municipal y por los mismos ciudadanos.

Aunado a todo esto, la fama de los judiciales en los barrios era tal que vivir cerca de uno de estos personajes era signo de respeto y seguridad en el barrio. Era quien sabía cómo se manejaba la delincuencia en las colonias y si alguien cometía una felonía, por el modus operandi iban por el delincuente y lo obligaban a que regresara lo robado y lo metían a la cárcel. Sin mucha burocracia. Se les respetaba, pues.

Hará cosa de 15 o más años y en la misma policía municipal se creó el famoso GOT, Grupo Operativo de Tránsito, al mando del comandante Roque Morán. Me tocó ir a una de sus pesquisas y escribí una crónica. Salían algunos jeeps (las calles de las colonias marginadas eran un sufrimiento, a lo mejor aún lo son) a recorrer en la noche los barrios en busca de pandillas, atrapar mariguanos, desarmar cholos y cuando se hacían los cocolazos, a entrarle juntos a los trancazos. Se mantenía a raya a los delincuentes y a la población no le importaba si era un ente legal o ilegal. Quería acción.

Hasta Derechos Humanos se hacía de la vista gorda y funcionaba el esquema.

Pues ya no tenemos esos recorridos de la municipal y tampoco el aura protectora del policía estatal –ya no sabemos distinguir entre un elemento de la PESP o de la PEI—que hoy están más capacitados que antes pero con la diferencia de que antes los judiciales eran los comisarios del barrio al que se acudía abiertamente y que no mandaba al vecino ante el agente del ministerio público a interponer la queja. Solucionaba pronto, a lo bruto, y en ocasiones en horas la problemática presentada. Imponía equilibrios.

Lo ocurrido en La Pimentel donde la autoridad estatal y municipal se hizo presente va a ocasionar una recia a los delincuentes de ese sector. Y es que el malandro puede ser calmado por un tiempo, pero regresará a su origen y si no consigue la droga en su colonia, se irá a otra donde cometerá fechorías y crecerá el fenómeno.

Supongamos que atrapen a unos cien drogos, ¿dónde los van a meter?, ¿y mil y dos mil y tres mil?

Existió en su momento la idea de crear penitenciarias lejanas a la ciudad cercadas con alambre y a manera de campamento instalar a los delincuentes y ponerlos a sembrar verduras. Cansarlos, lo que además de terapéutico les serviría para pagar a la sociedad el daño causado. No sé por qué esta idea se desechó. Creo que no quisieron en la CEDH o algo así.

Ojalá el secretario de seguridad pública, los diputados y nuestros demás gobernantes le dieran vuelta a esta idea que aun considero en lo personal como aceptable. Es cosa de catotear este tipo de propuestas que ya existen en Estados Unidos.

EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.

Comentarios

menu
menu