22/mayo/2013

Sopa de letras

Retrato hablado de Abelardo Casanova

Para hablar de Don Abelardo Casanova es necesario quitarse el sombrero y hacer honor con las palabras, los recuerdos y hasta con la pluma y el pensamiento a un gran hombre

Retrato hablado de Abelardo Casanova

Retrato hablado de Abelardo Casanova es la ópera prima de Emilio Robles Burgos, empresario de la industria editorial en Hermosillo.

Para hablar de Don Abelardo Casanova Labrada es necesario quitarse el sombrero y hacer honor con las palabras, los recuerdos y hasta con la pluma y el pensamiento a un gran hombre que supo cómo salir adelante desde la orfandad de su niñez, en la ciudad de Nogales.

Es acercarse a uno de los precursores del periodismo en Sonora; un maestro que enseñaba con el ejemplo y un hombre íntegro que se dio el lujo de regresarle el trabajo al gobernador Rodolfo Félix Valdés porque no se sentía cómodo con lo que lo tenían haciendo, y que hasta le reclamó por haberlo sacado de su casa, en donde estaba desarrollando su carrera como escritor.

Este libro, según palabras de los presentadores -incluido el autor- es una entrevista que Robles Burgos realizó al extinto periodista hace 15 años. Sin duda, ha de tratarse de un texto enriquecido de experiencias, palabras y la sencillez de que muchas personas fuimos testigos, en vida y obviamente en obra. No solo periodistas ni funcionarios públicos entre los que don Abelardo no hizo distinción.

En el evento de la noche del 3 de julio en la Sociedad Sonorense de Historia, el prestigiado investigador Nicolás Pineda Pablos se sinceró al decir que no lo conoció en vida, pero a través de un claro y profesional ensayo puso sobre la mesa y frente a los presentes un verídico retrato hablado del periodista, del hombre a quien se le comienzan a hacer reconocimientos, incluso por parte del mismo Pineda quien dedicó su texto “al amigo póstumo”.

Seguidamente llegó el turno de un compañero y discípulo de Casanova: el amigo, el comunicador Luis Alfonso López Celis, quien de manera extraordinaria compartió una radiografía más nítida del homenajeado, bordada con anécdotas y recuerdos compartidos entre pocos y con los que sonreímos muchos, lo hayan conocido o no.

López Celis más que hablar del contenido de la entrevista publicada en un libro, habló del hombre que le da vida a cada página, de su trayectoria, sus contemporáneos (José Alberto Healy, Enguerrando Tapia Quijada y Jesús Tapia Avilés), y de los momentos que vivió como iniciador de la televisión local en lo que conocimos como Canal 6, de su columna Hechos y palabras, de los inicios del periódico Información –al que debieron quitarle el “in” porque más bien era un proceso de formación para quien pasara por él-, de los amigos, los rivales de oficio y de la familia, que estuvo en primera fila.

La última intervención fue la de Emilio Robles Burgos, el autor, quien con todo respeto y de manera objetiva -palabra que mencionó en repetidas ocasiones-, literalmente se comió al invitado de honor para hacer una protagónica catarsis y leer una extensa -muy extensa- disertación sobre la situación en la que considera que se encuentra el periodismo local, del que dijo sentir incluso hasta pena ajena, y llegar al grado de lamentarse de que no hubiera periodistas en el auditorio.

Lo anterior quizás porque solo identifica a los que como dijo, están en las diversas oficinas de comunicación de las dependencias estatales, gozando de un buen sueldo, un horario cómodo y una línea que dictar a los medios de comunicación, en donde por cierto, están los pocos periodistas que nadie conoce. Tal vez lo dijo porque no lo encandilaron con flashes, porque no conoce a los comunicadores que estábamos presentes o porque tal vez los medios no fueron invitados. Muchos nos enteramos a través de la red social de Facebook…

Si bien es cierto, Robles –quien es egresado de mi Alma Mater según el currículum que leyó el Doctor Joaquín Robles Linares- no tiene la obligación de conocer a todos los que estamos en este medio, pero tampoco fue muy objetivo al generalizar en sus precisiones solo porque no vio a gente con un gafete que dijera su procedencia. Personalmente puedo decir que no lo culpo por no conocerme, si yo sólo lo conocía como “el de Editorial Garabatos”; a partir de ahora lo distinguiré como el autor de Retrato hablado de Abelardo Casanova, el extraordinario y sencillo personaje al que hizo a un lado para hablar de otro tema, que pudo haberlo hecho en otro evento o por otro medio, pues en honor a la verdad, tiene razón en varios puntos.

Sin embargo, de lo que a nadie le debe quedar duda es de que todos los textos que tengan como personaje central a Abelardo Casanova Labrada –el padrino de la generación 91-95 de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación, de la Universidad de Sonora-, son un digno acercamiento a un hombre que debe tomarse como ejemplo: como ejemplo de vida, como ejemplo de quien supo desarrollar un oficio con dignidad y dejar su nombre grabado con letras de oro en la historia de Sonora y del periodismo.

 

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1.- Aunque el anecdotario de la presentación fue copioso y colorido, se omitió comentar que periodísticamente, una publicación de la que Don Abelardo se sentía muy orgulloso por considerar que fue de lo mejor que produjo fue El burro ilustrado (2000), una publicación humorística semanal que hizo con José Terán, del que editaron catorce números.

2.- En el último semestre del 2008 tuve el honor de entrevistar a Don Abelardo Casanova durante un mediodía en el porche de su casa y no sé si esa fue su última entrevista, pero fue un honor que me haya distinguido con ese par de horas que me regaló de por vida. 

3.- Me habría encantado que el broche de oro lo pusieran sus hijos en la presentación del libro.

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