23/mayo/2013

Sonora ciudadana

ABC: Daño colateral? social

ABC: Daño colateral? social

El daño colateral es un concepto utilizado en la milicia y en contextos de guerra para referirse al daño accidental (o no intencional) de alguna operación. En su lógica, a veces es preferible “pagar” ese daño colateral ya sea en vidas (de efectivos propios o civiles) o instalaciones, con tal de lograr un objetivo “mayor”. En una lógica social, es imposible cuantificar el daño colateral de gobiernos imperfectos, corruptos. Acostumbrados a no rendir cuentas a nadie.

Exactamente el pasado jueves tuve la oportunidad de ser orador en una reunión que sostuvimos en la Red por la Rendición de Cuentas que coordina el CIDE con Josefina Vázquez Mota, la candidata presidencial del Partido Acción Nacional. El objetivo es presentarle a los presidenciables una propuesta de política pública integral para garantizar una verdadera rendición de cuentas en nuestro País y, cuando llegue el que llegue, conozca de las transformaciones que son necesarias para dejar atrás la simulación y orientar la acción de gobierno a los resultados.

La Red no está integrada por individuos, sino por organizaciones. Hasta ahora son casi 60 instituciones académicas, sociales y públicas las que se han sumado a este esfuerzo.

 

DAÑO COLATERAL SOCIAL

A Vázquez Mota y su equipo les platiqué aquella historia que compartí En la lupa el pasado día 23 de febrero: “El Papá de Patricia”. Una historia individual que entraña un problema institucional generalizado: Todas esas personas, que no pueden obtener su tratamiento médico a pesar de que la Constitución de nuestro País lo garantice como un derecho fundamental, a pesar que estados como Sonora presuman el acceso universal a los servicios de salud, a pesar de tanta parafernalia, a pesar de banderas blancas y anuncios televisivos que ofenden más de lo que inspiran.

Ese caso no puede verse como algo aislado, es parte de las tantas tragedias cotidianas que nuestro sistema aprendió a ignorar, a reconocer como un daño colateral poco cuantificado, algo normal que sucede en la acción pública. Es el daño colateral de gobiernos que no son eficaces en su acción, que no rinden cuentas.

Por supuesto que el caso de nuestros 49 bebés sonorenses es parte de ese daño colateral de gobiernos acostumbrados a ser defectuosos, a estar podridos de corrupción. Gobiernos que no quieren cambiar, llegue el partido político que llegue.

Bajo un régimen de rendición de cuentas alguien debiera ser responsable de cada una de esas tragedias cotidianas. Algunas más grandes que otras, aunque todas dolorosas.

Y en esa responsabilidad, se tiene que distinguir perfectamente entre la responsabilidad de los servidores públicos ante alguna acción errónea u omisión con efectos de afectación a algún ciudadano y la responsabilidad política de los gobiernos. Actualmente es muy borrosa la línea divisoria y los servidores públicos terminan “pagando” una responsabilidad política cuando en muchos casos es de otra índole.

Y para colmo, ahí los vemos de nueva cuenta pidiendo el voto en las siguientes elecciones, sonriendo, apostándole al olvido ciudadano, siendo estrategas de campaña, incluso candidatos.

Para ellos la responsabilidad se acaba cuando un tribunal no los puede meter a la cárcel. Y seguro se lo repiten día a día, noche a noche, para poder conciliar el sueño.

Multipliquemos este caso por millones compartidos en distintas instituciones de salud. Sumemos las historias de terror en materia de seguridad, educación, entre muchos otros servicios públicos que los gobiernos deben proporcionar para la efectiva realización de los derechos humanos. Incluyamos los incontables accidentes por la deficiente capacidad de inspección y el limitado poder de los gobiernos para controlar y obligar a los intereses económicos que los han puesto ahí. Y estoy pensando desde el respeto a una norma oficial en una guardería, hasta las medidas de seguridad de trabajadores mineros, etcétera.

En todos lados, los gobiernos en todos los niveles nos quedan debiendo. Prefieren continuar en el círculo vicioso de echarse la culpa mutuamente de tanta fatalidad, de la falta de resultados y responsables. Incluso en elecciones el juego se asemeja a uno entre marranos en un chiquero, revolcándose en el lodo y en la suciedad y al final, ver quién logra engañar a más personas de ser el que apesta menos.

Hasta pronto.

 

Guillermo Noriega Esparza. Internacionalista, UNAM y director de Sonora Ciudadana A.C.

Correo: noriega@sonoraciudadana.org.mx

Twitter: @elmemonoriega

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