24/mayo/2013

Sopa de letras

Carlos Fuentes, sus letras y los políticos del siglo XXI

La Sopa de letras de hoy está dedicada a Carlos Fuentes, a los 50 años de la novela Aura y a los ignorantes que le han dado publicidad gratis y han hecho que se agoten sus ediciones

Carlos Fuentes, sus letras y los políticos del siglo XXI

El funcionario del gobierno foxista –y ultraconservador- Carlos María Abascal, puso el grito en el cielo en el año 2001, cuando a su hija de secundaria le dejaron de tarea leer Aura, una novela breve que cumple 50 años a poco menos de un mes de la partida de Carlos Fuentes.

Se trata de una historia sobrenatural protagonizada por Aura, la sobrina de la misteriosa señora Consuelo, y Felipe Montero, un joven historiador que estudió en La Sorbona de París y que irremediablemente cae rendido a los pies de la bella Aura y de la misma señora Consuelo, quien a su vez lo atrajo hasta su vieja casa, húmeda, en penumbras y con nidos de ratas, para trabajar en los archivos de su esposo ya fallecido.

En una lectura plana del párrafo anterior nada grave puede haber sucedido como para que el entonces Secretario del Trabajo, se pusiera como energúmeno y mostrara no sólo su poca cultura y conocimiento del ya afamado escritor, sino también su poca tolerancia, su poca apertura mental y su limitación de criterio, por el contenido -según él pornográfico- de la novela que 39 años después de haberse publicado hizo agotar las ediciones y que fuera leída y releída sin necesidad de campañas publicitarias y sin que Fuentes invirtiera un peso en ello. Aunque la maestra de la nena Abascal fue cesada.

Curiosamente, en diciembre del 2008, durante el homenaje que la Feria Internacional del Libro en Guadalajara le rindió a Carlos Fuentes, los asistentes –entre quienes me incluyo- no pudimos evitar el recuerdo del escándalo provocado por el funcionario federal, que además, falleció el mismo día en que se le entregó un reconocimiento al autor, además de haber dado una conferencia magistral. ¡Vaya hilaridad!, pero ni con eso logró opacarlo.

Casi cuatro años después (2011) en la misma FIL, pero ahora con Enrique Peña Nieto, se volvió a generar publicidad gratuita para otra obra de Fuentes, La silla del águila. Situación que por cierto, hizo sonreír a Fuentes y decir lo que pensaba de los políticos ignorantes, quienes le ayudaron a vender sus libros y agotar sus ediciones, de quienes le dieron “carnita” para armar una historia de la que muchos más nos dimos cuenta y, que consumieron incluso quienes ni siquiera tienen el hábito de la lectura.

Qué satisfactorio ha de ser partir sin haber callado; ser despedido con honores; reconocido después de la muerte y dejando que el tiempo pusiera a cada quien en el lugar que le corresponde.

Hasta donde estés, gracias Carlos Fuentes, por tu legado.

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