| 14/mayo/2012 20:31 | Twittear |
Más compras, más ingesta de bebidas de todo tipo, más violencia intrafamiliar, más accidentes, más calor menos subsidio. Los días de restricción eléctrica han llegado, y usted ¿cómo maneja su consumo?
El verano, o en este caso los muchos días de calor, no sólo representan una temporada para vacacionar o para lucir ropa linda y colorida, como las de los catálogos de moda; tampoco es solamente para recostarse en una hamaca con una margarita de tamarindo -o de mango, o de limón- en la mano; o con una copa alta y esbelta -previas horas en el congelador- llena y vuelta a llenar de cerveza oscura o la de su preferencia.
¿Sabía usted que la época de calor es en la que se vende más ropa y los gimnasios tienen mayor demanda?, imagine además las ganancias en las tiendas de conveniencia por la gran cantidad de productos bebibles y congelados que han de vender.
Donde yo vivo, el verano con sus días de marcas históricas de 44°C en plena primavera y ni qué decir de los casi exclusivos veranos de 48°C a la sombra, traen consigo deshidrataciones, insolación, incapacidad de los aparatos enfriadores para cumplir con sus promesas de fábrica y desafortunadamente también se hace acompañar de mayores índices de violencia en todas sus modalidades, pues incluso hay estudios que indican que hasta las aves se pelean por tener un espacio menos caliente en las copas de los árboles.
Supongo que si hubiera tenido que andar circulando al mediodía, seguramente habría sonado el claxon en varias ocasiones, habría gritado palabras soeces a más de dos y mi falta de paciencia y tolerancia, de por sí escasa, se habría hecho presente en pocos minutos y en repetidas emisiones.
Seguramente la nota roja de los próximos días si no es que ya, y no sin razón, anunciará más casos de golpizas intrafamiliares que los de costumbre. Basta con informarse superficialmente y se dará cuenta de cuántos accidentes vehiculares ha habido en los días recientes y cuando pase por alguna tienda de las que cada día hay más en la ciudad, de las rojas con amarillo o de las azules con blanco, observe las promociones de los cristales y qué llevan en las manos o qué se alcanza a transparentar de las bolsas de consumo de quienes van saliendo del lugar… y aquí pienso nuevamente en la hamaca y en la margarita, o en la copa o tarro congelado.
Pero no piense que la información viene a colación para inducirlo a visitar las tiendas de conveniencia o justificar un carácter explosivo, no. El asunto del calor y sus consecuencias es para reflexionar sobre lo afortunados que resultan los empleados de la CFE, quienes gracias a su bendito logro sindical pueden vivir la diferencia entre "un calorón" y "un rico calorcito".
A ellos su contrato colectivo de trabajo les da una cortesía fabulosa de 350 kilowatts por mes, suficientes como para pasar todo el verano de día y de noche con algo muy parecido a un cuarto frío en sus casas, y si se pasan qué tanto puede importar si el kilowatt extra se los cobran en la simpática cantidad de un centavo (1 kw se consume en una vivienda de clase media, con muchas restricciones y una administración del servicio muy justa, en alrededor de 3 días).
Así que también como un ejercicio tipo observación de campo, si cuenta con un vecino, familiar o es sindicalizado “por Comisión”, reflexione en la fortuna de la familia subsidiada y verifique que no haya violencia intrafamiliar, pues sería injusto que tuviéramos que pagar por ello; y si sólo es un espectador de cómo se consumen esos kilowatts mientras ve cómo su medidor no deja de dar vueltas, tómelo con filosofía y tómese con calma una bebida refrescante porque esto apenas está comenzando.