| 08/marzo/2012 9:46 | Twittear |
Regularmente se utiliza el adjetivo “degenerado” para referirse de forma despectiva a aquellos de condiciones mentales y morales lejanas a la “normalidad”. El adjetivo no necesariamente tiene relación exclusiva a lo sexual, pues tiene implicaciones por mucho más amplias, todas ellas negativas.
La demagogia es una de las tantas degeneraciones de la democracia y consiste en que los políticos, mediante vacíos halagos a los sentimientos elementales de la gente, tratan de conseguir o mantener el poder.
También aplica a sus acciones como gobernantes, cuando en teoría (y en sus discursos y propaganda) funcionan sus programas a la perfección, pero no en la práctica.
Si hacemos el ejercicio de ver a México desde el exterior, los avances democráticos de los últimos 15 años le dan un lugar medio en el concierto internacional. Si echamos un vistazo a muchos de los indicadores internacionales, nuestro País es un País promedio, incluso ejemplo a seguir en muchas cosas.
Y basta darse una vuelta por la realidad de sus estados para darse cuenta que una cosa es la realidad cosmética y otra es la cruda verdad de lo que sucede en el día a día en la mayoría del País.
“Somos coleccionistas de tratados internacionales”, me decía un amigo.
Y la verdad es que como País nos encanta aparentar lo que en realidad no somos.
Por eso hay anuncios que presumen la cobertura universal en salud, pero en la práctica sus elaboraciones burocráticas en realidad impiden el acceso para ahorrarse unos pesos y después construir un nuevo Senado o una torre de luz.
Por eso hay programas gubernamentales, leyes y reformas legislativas de primera, pero en realidad “de-primentes”, disfuncionales, inaplicables.
Hay quienes creen que echando a perder se gana.
Nuestra Ley de Participación Ciudadana nos la echaron a perder tanto el PAN por intentar usarla para obtener legitimidad y abusar de la propaganda en tiempos de elecciones; como el PRI, por no haber encontrado otra forma de evitar esa degeneración a tiempo, aprobar la ley por unanimidad, “pararse el cuello” y presumirla ante la población y luego impugnarla.
El Tribunal Electoral confirmó la triste visión conservadora de que cualquier cosa puede interrumpir los procesos electorales y, cómo nos costó tanto trabajo y dinero tener un sistema confiable, se prefiere no arriesgar nada, porque echando a perder, ganan todos, menos los ciudadanos.
Ese es el arte de echar a perder.
No degenerar este proceso y demostrar que en verdad son políticos convencidos con la gente pasa por aprovechar “la recta” y hacer funcionar la Ley de Participación Ciudadana vía reformas muy precisas. Todavía es tiempo.
Si los plebiscitos y referéndum ya no podrán ser al mismo tiempo que las elecciones, habrá que hacerla accesible.
Si el PRI con sus millones y estructura institucional no fue capaz de movilizar a 465 mil sonorenses y ganarle a los 464 que eligieron Gobernador a Guillermo Padrés, ¿Qué esperan de los ciudadanos?
Si el PAN, con todo y todo solamente motivó a votar por Padrés a medio millón de almas, ¿cómo haremos los ciudadanos que no tenemos esos recursos ni estructuras para sacar a votar a 700 mil que se necesitan para que un referéndum o plebiscito sean obligatorios?
Que nuestros diputados demuestren de lado de quién están y reduzcan a la mitad los requisitos para solicitar plebiscitos y referéndum. Al igual, que se reduzca a 10% la afluencia de votación para que los resultados sean obligatorios.
Es triste, pero las últimas consultas en las sociedades más avanzadas democráticamente hablando en el País, no llegan al 3%.
Pedirle a los ciudadanos logren 35% en tiempos no concurrentes con la elección, es por decir lo menos, una ilusión malsana, una broma de mal gusto.
Estaré un par de semanas fuera de este espacio en el que me hace el gran favor de leerme y compartir (o no, se vale) algunas ideas sobre la visión de país democrático, justo y equitativo que sueño con heredar a mis hijos.
Para ello no solamente debo leer mucho, escribir aquí donde me lee y actuar desde Sonora Ciudadana AC o en mi día a día.
Me retiro temporalmente a iniciar el mejor proyecto de mi vida y formar una familia de la mano de una hermosa hija de esta gran tierra.
¡Hasta pronto!