Las cucarachas no salen con la luz

Las cucarachas no salen con la luz

ESTUVE REVISANDO LA información publicada por el PAN en torno a los volantes en los cuales manejan el alto índice de criminalidad que hay en Sonora, aunque ellos hacen hincapié en Hermosillo y eso que no revisaron Obregón.

Moisés Gómez Reyna twitteó: “El 60% de los delitos en Sonora suceden en Hermosillo de acuerdo al Sistema Nacional de Seguridad Pública”, la información la busqué en diferentes páginas del SNSP y no encontré lo que dicen, pero en otras pude ver estadísticas y efectivamente, la situación ha empeorado en estos diez meses.

Fuera de lo que ya sabemos sobre la consecuencia del manejo del sexenio pasado como causal de este y otros trastornos, es interesante observar la campaña negativa azul en contra de las autoridades municipales capitalinas y sus diferentes acciones que, conforme a la propaganda que el PAN maneja, no han servido de nada.

El detalle es que esta campaña es meramente destructiva, no veo algo que nos permita avizorar la sana intención panista de ayudar a que mejore esta situación.

Por ejemplo, la delincuencia es multifactorial pero hay tres vertientes claves para que se cometa un crimen directo contra el ciudadano.

El primero es el desempleo. No requiere mucha explicación. El segundo, sin duda alguna, es el consumo de drogas, mismo que se ataca, una y otra vez y es un monstruo de mil cabezas que siempre estará latente, que puede limitarse pero no acabarse. Es lógica natural y en ello hay conciencia de que se ataca, tal vez no con la ferocidad adecuada, pero se combate.

Hay un tercer punto que tampoco mencionan: la obscuridad de las calles. Ello crea el ambiente propicio tanto para que el delincuente cometa sus fechorías y escape, por un lado, y por el otro para que la población viva con miedo y es de ese temor del que se aprovechan los malandros para cometer sus fechorías.

El temor ciudadano se puede palpar y se refleja más en las noches. Los parques, la calle, las casas oscuras, permiten que se cometan delitos. Vaya, afuera de mi casa con mi carro estacionado exactamente enfrente, le rompieron la ventanilla trasera y extrajeron unas bocinas. El chiste de volver a colocar la ventanilla me costó mil 500 pesos, más gastos de vueltas, lo robado era de unos 500, pinchi ladrón se los hubiera dado.

Luego, y ¿cómo me pasan cosas, no?, recuerdo de joven, 17 añitos, cuando salía en la madrugada de trabajar de Primera Plana donde empecé en talleres, caminando iba a casa y poco antes de llegar dos malandros me asaltaron, primero pidiendo cigarros y luego dinero, ante la negativa de ambas me sacaron un cuchillo cebollero que yo ví más grande que un machete.

Perros infelices, no captaron que si trajera efectivo utilizaría taxi. Hice una ligera defensa callejera y se ve cómo pasan las cosas lentas. Eso sí, rompí récord olímpico de los cien metros. A lo mejor es lo que necesitan nuestros deportistas en Río.

Pero regresando al tema, la casualidad de ambos hechos fue la oscuridad. El foco del alumbrado público estaba en esa esquina cercana a la casa en Palo Verde lo habían dañado, no servía. Y en cuanto a la casa donde vivo, por alguna razón la luz generada por los focos de la cancha de basquetbol ubicada a un costado de donde vivo, ese día estaban apagadas. Duró dos días así. Había mucha oscuridad.

Entonces, ¿por qué los del PAN no focalizan sus esfuerzos en demostrar que las luminarias de Hermosillo, o mejor dicho, la falta de éstas, contribuyen a promocionar el asalto y con ese estudio apoyar que el índice delincuencial baje?, eso sería genial.

Como diría Eduardo Bours en su momento: las cucarachas no salen cuando hay luz. Bueno, por lo menos en montón.

No tengo el dato preciso sobre el servicio de alumbrado público, pero ya lo tendré, para saber cuántas luminarias funcionan, cuántas no, cuántas dañan los mismos malandros, cuántas se requieren.

También desconozco detalles técnicos, lo que si sé, es que anduvieron promocionando hace como diez años la instalación de luminarias cuyo tipo de luz, blanca, (con el uso de leds), lo que permitía observar el color naranja de la ropa. Para su conocimiento, dicho color es el que marca la diferencia entre una buena luz y una de regular capacidad.

El anaranjado, estimado lector, es como el medidor de si la luz proporcionada por un foco de la calle cuenta con las especificaciones debidas pues ha de saber que a la hora de las persecuciones policiacas, la vestimenta del delincuente suele ser el parámetro de identificación primario y si no hay esa luz requerida, pues no sirven de mucho los datos que proporciona el testigo o la víctima.

Por eso me llamó la atención ese detalle técnico de las luces leds que permiten distinguir claramente este color en la noche. Claro que no se adquirieron, ¿el motivo?, no hay dinero.

Otro dato que me llevo de tarea para investigar es el presupuesto que se maneja para atender este rubro. Puedo apostar que no hay recurso que alcance en este punto. Simple lógica. Pero hay un detalle al respecto, los cambios que se han hecho de foco no contemplan a su vez la instalación de cableado nuevo.

En Hermosillo existen luminarias, supe, cuyos cables vienen del año de la cachetada y tienen un período de vida de tal forma que no permiten la instalación, por ejemplo, de lámparas leds, pues no sirven y hete ahí que cuando se quiere modernizar ese foco pues simplemente no funciona y una instalación m{as o menos moderna, repercute a su vez en otro gasto como es el uso de los balastros cuya vida es de unos cinco años.

Entonces, todo se conjuga para crear un escenario difícil en cuanto a alumbrado público se refiere.

Debe haber una solución al respecto y ello se reduce a una buena inversión en todo el sistema. No se trata pues de cambiar un foco por otro, sino de cableado y balastros si es que aún se utilizan.

El hecho es, lector, que si se quiere mantener a raya a los delincuentes, debe existir en la agenda de nuestros gobernantes y políticos, sobre todo los de oposición, un estudio serio que arroje las necesidades y costos que requieren ciudades como Hermosillo para que en la noche, si nos asaltan, por lo menos verle la cara a los desgraciados o verlos llegar de lejos para hacernos a un lado.

En mi caso de juventud aparecieron de repente, estaban escondidos estos dos personajes y brincaron con las consecuencias ya descritas.

Y por favor, de hacerse ese estudio integral, que no vengan a colocar focos como en Peñasco hace años, donde la luz nocturna es tan débil que se ve el acto de corrupción de lejos.

EN FIN, por hoy es todo, le seguimos el lunes, si Dios quiere.

Armando Vásquez Alegría es periodista con 30 años de experiencia en medios escritos y de Internet, cuenta con posgrado en Administración Pública y Privada.

Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

Twitter: @Archivoconfiden

Comentarios

menu
menu