Falló comunicación a EPN: Osorio… qué suave…

Falló comunicación a EPN: Osorio… qué suave…

Armando Vásquez Alegría

LOS ESTUDIOSOS DE LAS estrategias de guerra colocan en sus registros de batalla en primer término el manejo de la comunicación vertical y horizontal como un pilar para el triunfo. Quienes fincan sus fortalezas en los contingentes con los que cuentan y dan por sentado que la comunicación será natural y no debe ser dirigida y preponderante, por lo general pierden sus batallas. O bien, si las ganan, el precio es muy alto.
Por eso, ahora que el ex secretario de Gobernación, Osorio Chong, estuvo en Hermosillo y durante el programa de Grupo Larsa, reafirmó lo que tanto se ha dicho en torno al gobierno de Enrique Peña Nieto en el sentido de que su equipo de comunicación no supo manejar esta necesaria herramienta… y los resultados se observan al final del gobierno al mostrar una baja calificación del Presidente de la República.
Es más, aunque no lo dijo, infirió que nunca entendieron que su guerra era enfrentar día a día un contrincante voraz como lo es la opinión pública y popular de la población. Tampoco, por supuesto, supieron visualizar y contextualizar estrategias de corto, mediano y largo plazo que en apariencia es fácil, pero no, requiere de sabiduría al momento de ejercer la comunicación segmentada en bloques de públicos o bien, en lo general.
También en materia de comunicación hay ritmos al informar y se sostienen cuando el tema entra en un período de muerte pero aun así se mantiene latente como el caso Ayotzinapan, Obredecht y hasta el caso Casa Blanca que, dependiendo de las circunstancias subían o bajaban de intensidad. Ritmo, pues.
Pues bien lector, para echar culpas por parte de Osorio fue muy fácil, pero en verdad ¿qué tanta culpa tuvo él en lo personal? Y es que por lo general a esas alturas los directores de comunicación son desechables, volátiles y bailan al son del secretario más fuerte del gabinete.
Y en los comités de campaña pasa lo mismo.
Ya lo comenté en una columna anterior. El grave problema de los candidatos es que en sus cuartos de guerra, al que menos se toma en cuenta es al comunicador y por lo general lo tienen arrumbado bajo tres premisas: Control de medios y comunicadores, difusión de la información y poca voz y cero voto al momento de la toma de decisiones en el comité de campaña. Nunca es el estratega pues quienes son considerados jefes asumen sus posturas y no sueltan poder. Ni tantito.
Siempre hay alguien arriba quien toma la última palabra sin entender que la venta del producto o candidato o bien, la conformación de una imagen –caso AMLO–, es lo que hace la diferencia.
Y no me voy lejos. Veo esta problemática también en algunos comités de campaña de cualquier partido en Sonora. Ví, porque esto ya se acabó, falta una semana y no se puede hacer gran cosa, que fue una campaña de ocurrencias y desgaste de imagen en el caso de los morenos, concretamente en Lilly Téllez.
Poca estrategia y harta ocurrencia, hasta en las campañas negras, nos dieron por consecuencia una campaña rara, sin fiesta, ni folcklor, sin espíritu, sin ese menaje que le pone sabor al comentario político de café o de cantina que es el mejor termómetro de medición.
Es más, ni los nombres de los candidatos supimos, mucho menos los conocimos a la mayoría de ellos.
Y si nos vamos a los presidenciables, veremos por ejemplo que el asesor que tiene AMLO en su campaña, vale la pena reconocerlo, es el cineasta y periodista Epigmenio Ibarra quien le manejó la estrategia de comunicación en lo general centrado en el mensaje y fortaleciendo la figura de un AMLO convertido en Mesías. Y le ayudó el ser simplista, sin tanta alharaca ni manejo burocrático. Fue el ideólogo, el que nunca permitió que su imagen cambiara, ¿o a quien cree que se le ocurrió esa etapa de amor y paz hipeano que manejó AMLO?
Por su parte, en la cancha contraria se sufrió a una Alejandra Sota, quien debía realzar la comunicación en el equipo de Meade pero tardó buen tiempo en entender que en una estrategia deben contar todos y no solo su grupito. Perdió semanas valiosas y cometió errores básicos como cambiar constantemente de estrategia conforme la agenda que le dictaban los adversarios en lugar de conformar un solo bloque de imagen que a final de la campaña se impuso y mostró a un Meade más honesto que al resto de los presidenciales.
Pero no supo manejar el ritmo de la comunicación pues a veces dibujaba someramente a un Meade que no era priísta, luego que era el más profesional, para terminar Meade agarrando la comunicación con el “Yo mero” y luego el rollo de la propuesta y la honestidad por delante que fue manejando a través de los debates. ¿Demasiado tarde?, lo veremos el primero de julio.
Y en el equipo de Anaya el asesor en comunicación Rubén Aguilar –ex vocero de Vicente Fox–, se impuso a codo partido al coordinador de mensaje y comunicación, Fernando Rodríguez Doval y a Kenia López, la coordinadora de comunicación interna y no hubo una estrategia que le quitara de encima a Ricardo Anaya el señalamiento de falso, corrupto, tranza y hoy viven las consecuencias.
Como dicen los estrategas en comunicación, si desde el principio el ritmo es bajo, para lograr subirlo de intensidad se requieren tres elementos esenciales: que lo entiendan el candidato y sus jefes del círculo rojo, el mantenimiento constante de la estrategia con algunas variables y definición en una palabra del producto a vender.
AMLO, mesías. Meade, honesto. Anaya, tranza. ¿Y EPN?… ¿ahora visualiza la importancia de la tercera esencia de la comunicación estratégica?
EN FIN, por hoy es todo, mañana le seguimos si Dios quiere.
Armando Vásquez Alegría es periodista con más de 30 años de experiencia en medios escritos y de Internet, cuenta con posgrado en Administración Pública y Privada.
Correo electrónico: archivoconfidencial@hotmail.com

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