En peligro de extinción

En peligro de extinción

CIUDAD DE MÉXICO.- Primero fue un rumor en las redes sociales, luego la Liga Mexicana de Beisbol dio a conocer un comunicado: los Tigres de Quintana Roo dejan la liga.

Al tigre Chacho, mascota de la novena, le llegó una carta escrita por el ingeniero Carlos Peralta, dueño del equipo. Decía: El equipo está a la venta”. Son 62 años del equipo los que están en el aire.

“Mi jefe me habló para decirme que estamos en stand by -explica Chacho o Gabriel Jiménez, quien le da vida a la mascota número uno en el beisbol mexicano-. No sabemos qué va a pasar. Por el momento estoy en Coyoacán, en mi casa. Esperando el llamado para reportarme en Cancún o ponerme a buscar otra cosa”.

Chacho pertenece al equipo y Gabriel Jiménez le ha dado vida durante los últimos 22 años. Antes del coyoacanense, hubo otros dos hombres que movieron a la botarga.

Por lo pronto, comienzan las imágenes a dar vuelta sobre su cabeza. “Muchas cosas llegaron a mi mente, desde que me llegó la invitación en 1995. Yo era actor callejero en la plaza Hidalgo de Coyoacán, ahí me vieron unos directivos, les gustó y me invitaron a probarme como Chacho. Antes habían pasado dos personas dentro de la mascota. Les gustó mi trabajo con Chacho y de ahí en adelante comenzaron 22 largos años”.

 Chacho trabaja con los Tigres desde 1995 y los Yaquis de Ciudad Obregón desde 1998.

 ¿Chacho se quedaría con los Yaquis?

No lo sé, porque Chacho pertenece a los Tigres.

¿Gabriel Jiménez, qué edad tiene?

El compa Gabriel tiene 42 años. Lo conocí a los 22 años, un 18 de marzo nos convertimos en un mismo personaje, en un Diablos- Tigres. Con el tiempo nos hemos modificado. Otra imagen y actitud.

 Varios fuimos al casting y me eligieron. Pensé que sería cosa de una o dos temporadas y ya llevo 22 años. No me imaginé la dimensión que iba a tener con Chacho. A los tres meses me invitaron a un Juego de Estrellas en el Paso, Texas. Incluso querían que me quedara por allá. Yo había firmado un contrato por cinco años. También me pidieron para una Serie del Pacífico con Culiacán, tampoco me dejaron.

¿Conociste a Alejo Peralta?

Sí, saludarlo cuando saltaba al terreno. Era un señor de respeto, exigente. Me dijo que le gustaba mi trabajo, que la transformación había sido total. Yo incluí show, baile y parodia, que antes no se hacía con las mascotas. Incluso comencé a hacer llegadas espectaculares.

¿Como cuáles?

A veces don Alejo llegaba en su carro directo al búnker y dejaba que yo me subiera, diera una vuelta y me bajara ante el público como si fuera el dueño del equipo. Él se reía. Entré en taxis, motos y otros. Una vez le dije que quería llegar en su helicóptero. Me dijo que pidiera lo que quisiera. Era una final y llegué en helicóptero directo al diamante en el Parque del Seguro Social.

¿Te tocó su funeral?

Algo muy conmovedor. Me pidieron que fuera como Chacho y fue algo muy emotivo y triste. Ese día lloramos los dos (Chacho y Gabriel). Una persona que impulsó el beisbol y que por él entré a trabajar. Ayudó a familias enteras. Luego se quedó su hijo (Carlos) y también le gusta mi trabajo

En un tiempo Chacho sufrió doble personalidad. También fue Goyo con los Pumas.

No, precisamente Chacho. Gabo fue invitado por los Pumas, trabajaba en el Parque del IMSS y la gente de Banamex tenía el proyecto de lanzar a la primera botarga universitaria y habían visto mi trabajo. Fui el primero en personificar a Goyo, hasta el día que los Tigres nos mudamos a Puebla.

¿Antes de Gabo, cuántos Chachos hubo?

Hubo dos antes, no los conocí.

Me dicen que Gabriel es tímido y que Chacho es irreverente y extrovertido.

Es algo mágico, nunca he encontrado la palabra exacta de lo que pasa adentro del traje. Te pones a Chacho y se te olvida quién eres, sales al diamante y eres otro.

¿Chacho es la mascota número uno?

Eso dicen.

¿Qué es lo más loco que ha hecho Chacho?

Muchísimas cosas, como aventar agua a los jugadores, interferir en el juego. Imagínate, son 22 años y cada día de juego es distinto. Todo se ha quedado grabado en mi memoria, como ser bien recibido, aplaudido, abucheado. Tengo amigos y detractores, es señal que Chacho existe.

¿Y lo peor que te han gritado?

Uy, imagínate, mentadas, insultos, pero Chacho se sobrepone. No engancharte con los insultos. ¿Arrepentido de algo?, jamás. Aunque una vez aficionados de los Diablos bajaron al parque del IMSS, me quitaron la cabeza y me aventaron. Fue en una Guerra Civil y todo se vale. Tampoco me quitaron el sueño.

El Parque del Seguro Social, el Foro Sol, el Parque de Puebla o el de Cancún. ¿Con cuál se queda Chacho?

Los cuatro parques han significado mucho. El del Seguro Social me dio la vida, el Foro Sol me dio campeonatos, en Puebla logramos un campeonato con puros peloteros mexicanos y en Cancún podría ser el adiós. Aunque la afición en el Parque del Seguro Social no se compara con ninguna.

Y cómo le va a Chacho con la franela de Obregón?

En el Pacífico la afición es diferente, más concentrada en el juego. Me costó más trabajo, porque ponen más atención a lo que pasa en el diamante, que a las mascotas.

Tienes amigos entre jugadores y mánagers?

Con todos, se convierten en unos aficionados más. Los jugadores me piden shows especiales, me hacen bromas y otros, incluso, se ponen a bailar conmigo. Soy parte del equipo, eso me han hecho sentir. Claro, hay jugadores especiales, no se puede negar.

¿De qué jugadores hablamos?

En la novena de los Tigres, con la Chispa Gastélum me llevo súper bien, con Vizcarra, con Jorge Cantú, con muchos. En todos los equipos ha habido gente con chispa. Gastélum, incluso, un día que no participó en el juego, me pidió el traje, pues quería saber qué se sentía ser Chacho. Salió al diamante y se divirtió sin que la gente lo descubriera.

¿Cómo era Dan Firova?

Muy buena persona, muy serio. Siempre me extendió la mano.

¿Alguien que te pusiera un hasta aquí, dentro del equipo?

Mmm, mira por ejemplo Matías Carrillo fue muy especial conmigo. Un día, en Oaxaca, fui con el equipo y un grupo de aficionados le preguntó a Matías Carrillo por Mí. Carrillo les respondió: “Antes de preguntar por la botarga, primero pregunten si voy a jugar”. Como que de ahí hubo cierta enemistad de su parte. No le gustaba que yo estuviera en el dogout, pues decía que era para jugadores y no para mascotas. Alguna vez, en el camión, me levantó de mi asiento y me mandó al fondo. Era entendible, pues no soy jugador. Lo curioso es que cuando llegué a los Yaquis, él estaba ahí. Lo vi y me agaché, él sólo movió la cabeza. Después me dio la bienvenida. No lo puedo creer, Matías Carrillo me está dando la mano.

¿Como Chacho, estás en los vestidores y el dogout?

Yo uso la misma playera del equipo, estoy en las pláticas de la novena antes del juego, en el festejo. Soy considerado parte del equipo y me dan el mismo equipo deportivo que a los jugadores: chamarras, maletas, gorras. Si somos campeones, me toca anillo. Cuando me junto con las otras mascotas de beisbol, les puedo presumir mis títulos.

¿Chacho sabe jugar beisbol?

Chacho no, pero Gabriel sí. De chico me llevaban al Parque del Seguro Social y jugué en la Liga Mexica. Ya no seguí y ni siquiera me pasó por la mente ser beisbolista profesional. El año pasado formamos un equipo y jugamos cuando estamos en México. El equipo se llama Chacho and friends, lo puedes buscar en redes, con gente de Tigres. A veces enfrentamos a los Diablos.

¿A Gabriel le alcanza con el dinero que gana Chacho?

El dinero pasa a segundo término, la satisfacción es primero. He conocido amigos, estrellas y aficionados que te alimentan el espíritu. Tampoco me puedo quejar.

Conociste a Valenzuela.

Mi último partido como aficionado fue en el Parque del Seguro Social, un partido donde Fernando Valenzuela tiró con los Charros. Lo llevaron al Palacio de los Deportes, fuimos por la foto pero era tanta la gente que no pudimos acercarnos. Pasó el tiempo, entré a la Liga del Pacífico como Chacho, vestido de Yaqui, y en juego ante los Águilas de Mexicali me acerqué como Chacho a saludarlo y me dijo que le gustaba mi trabajo. Me firmó una pelota y me estrechó la mano.

¿Y cómo se vive la Guerra Civil?

Ahí todo se vale. Una guerra como tal y no puedo imaginar una liga de beisbol sin una guerra civil. Mucha afición capitalina sólo espera que los Tigres vengan a jugar ante los Diablos para meterse al diamante. Ahora será como un taco sin salsa. No me lo puedo imaginar.

¿Y Chacho que les puede decir a los aficionados?

Mi agradecimiento, mi pena, mi vergüenza. Me han preguntado qué va a pasar conmigo.

¿Chacho ha dicho groserías?

Chacho no habla, pero mueve el cuerpo y las manos. La afición entiende lo que expreso.

¿Qué va a pasar con la afición de Tigres?

No sabemos qué va a pasar. El sábado nos reunimos en El Ángel, pidiendo al dueño del equipo que reconsidere sobre el futuro del equipo. Que no deje morir una tradición de 62 años, pues es un equipo emblemático de la Liga. Somos muchas familias las que nos estamos quedando sin trabajo.

¿Chacho agoniza?

No lo sé.

Y Gabriel Jiménez, a que se dedicaría.

Quizá me vaya con otro equipo.

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