El Hermosillo de siempre

El Hermosillo de siempre

SSSSSSSS… La señora María Luisa Tapia Cons, de 70 años de edad, fue asesinada por un sujeto que robó e incendio su casa en la Colonia Pimentel de Hermosillo. Estos indignantes hechos ocurridos la semana pasada son otra llamada de atención para las autoridades de todos los niveles encargadas de brindar protección y seguridad a los habitantes de esta capital.  Una vez más, un crimen de esta naturaleza nos hace reflexionar sobre la clase de ciudad en la que vivimos.

Es cierto que los capitalinos hemos visto poco a poco deteriorarse la paz, la tranquilidad y el orden que alguna vez existió; pero tampoco en el pasado esta ciudad fue como muchos la conciben en su imaginación “Un Hermosillo donde se podía SIN RIESGOS NI TEMORES hasta dormir en la calle”. Eso es falso.
 Que “antes” se vivía con un poco más de tranquilidad, es cierto; pero no podemos pretender que nunca tuvieron lugar asesinatos  que crisparon los nervios de los hermosillenses, así como también existió desde siempre un importante nivel de inseguridad en una infinidad de “barrios bravos”, como en todas las ciudades, a los cuales la policía jamás entraba a imponer orden y donde los vecinos estaban prácticamente secuestrados por malvivientes y  bandas de delincuentes.
Ahí están las hemerotecas que hablan de La Cañada de Los Negros, El Ranchito, El Mariachi, El Choyal, El Palo Verde, Las Pilas, La Matanza, El Sahuaro, la Alvaro Obregón y muchos otros barrios que en distintas épocas, sus “embajadores” fueron verdaderas calamidades sociales y cuya especialidad era terminar bailes y todo tipo de reuniones sociales en batallas campales, con el sello inconfundible de la casa, donde siempre salían a relucir “puntas”, “manoplas”, navajas y hasta armas de fuego.
¿Ir a una reunión a uno de esos “barrios bravos”, incluso conociendo a alguien de por esos rumbos? Sólo se animaban  aquellos que gustaban de las emociones fuertes, mucha  adrenalina, o como entrenamiento para competir en carreras de 100 metros planos en alguna justa deportiva.
Esas colonias recuperaban un poco de tranquilidad cuando los gañanes se convertían en carne de presidio, o morían, o la vida los apaciguaba; pero esa calma duraba poco, pues detrás de ellos venían las nuevas generaciones de pandilleros o de malvivientes.
Alrededor del pandillerismo y otras actividades como las de las bandas organizadas de ladrones de autos, de casas habitación y comercios, así como  de asaltantes y ni se diga de los famosos “tiradores” de droga, es como se ha escrito la historia de la seguridad pública de esta ciudad.
 Quién sabe si los apologistas del Hermosillo de hace 50 ó 60 años y de más atrás, pretendan ignorar estos hechos, con el afán melancólico y nostálgico del “tiempos pasados fueron mejores” o sencillamente, para repartir  culpas  por la situación tan seria y delicada en materia de seguridad que estamos viviendo actualmente en la capital de Sonora y también en otras plazas importantes por su índice de población.
En ese sentido, también los pueblos de Sonora perdieron la tranquilidad, gracias al florecimiento de actividades delictivas en la sierra alta y baja, así como en la zona del desierto y los litorales. Los “malosos” no dejaron gran espacio para los ciudadanos de vivir honesto.
O sea, pues, que los hermosillenses siempre hemos estado expuestos, en mayor o menor medida a la delincuencia, es una verdad de a kilo. Por desgracia.
Pero volviendo a la tragedia de la Colonia Pimentel, irritado, y con justa razón, el Señor Gabriel Núñez, vecino del sector, exhortó a quienes viven en ese barrio y que tengan armas, a que las usen en contra de quienes sean sorprendidos dentro de sus casas, con el ánimo de robarles o hacerles algún daño.
Es totalmente comprensible su ánimo revanchista; a ese hombre lo embarga el nivel de crispación social que todos vivimos, en la impotencia de ser testigos de que a los ladrones, a los asesinos y a los narcotraficantes, pasando por los funcionarios corruptos,  o no se les persigue, o en muchas ocasiones reciben penalidades irrisorias por tener alguna influencia en el ámbito político.
Es decir, lo que indigna a la sociedad es el grado de impunidad que gozan los malvivientes, de ahí que personas como el señor Núñez se animen a fijar esa postura decidida, pero temeraria y fuera de la ley, de preferir matar a delincuentes, a morir a manos de ellos, como le ocurrió la infortunada  señora Tapia Cons.
Procurarse justicia por propia mano es y será siempre y en cualquier circunstancia, de desastrosas consecuencias legales, sociales, anímicas y de todo tipo para personas de bien. Lo malo es que coexistimos con delincuentes que no conocen otra manera de resolver diferencias y nunca reciben el castigo que merecen.
En todo este lamentable embrollo, resulta verdaderamente significativo que quienes han atendido la demanda de este  ciudadano, representante de quienes viven en la Colonia Pimentel, -pero en el sentido amplio de todos los hermosillenses-, sean precisamente las autoridades encargadas de la seguridad pública, entre ellas el propio titular  de la SSP, Adolfo García Morales, por razones obvias de su responsabilidad, y por el Secretario del Ayuntamiento, Jorge Suilo Orozco, quienes ayer lunes por la mañana lo visitaron en su domicilio.
Y ayer mismo por la tarde, se presentó ante este ciudadano el Presidente Municipal de Hermosillo, Manuel Ignacio Acosta, para escuchar sus inquietudes de manera directa. El “Maloro” se comprometió a darle un seguimiento personal a este lamentable hecho, que cimbró de nuevo a la capital de Sonora, y a seguir esforzándose en recuperar la tranquilidad de esa colonia, que no  es de las más “bravas”, pero que con ésta muerte adquirió una relevancia negativa, de nueva cuenta.
Cabe mencionar que no hace mucho tiempo, ese sector también bastante conflictivo.
Hablaron el Señor Gabriel Núñez y el “Maloro” en muy buenos términos y el Alcalde le pidió estar presente en una de las reuniones de vecinos que habrán de celebrarse, para darle seguimiento a los compromisos que se fijaron las autoridades, entre los que están que en las siguientes dos semanas iban a “peinar” esa colonia para combatir la inseguridad y la delincuencia.
Pues estar cerca de los vecinos, escuchar sus inquietudes y atender sus demandas es lo  es precisamente el “Maloro” propone en su programa “Hermosillo Seguro”, porque son ellos los que saben perfectamente bien cuáles son los focos donde prolifera la delincuencia en todas sus modalidades.
Y todo el mundo sabe, también, que la Policía Municipal puede aportar mucho en esta lucha; pero la competencia es también de otros órdenes de gobierno, los cuales tienen que coordinarse para que el combate al crimen sea más efectivo.
Por lo pronto, el Alcalde enfrenta esta situación con la determinación y arrojo; pero sobre todo con la voluntad de sentar las bases para que en Hermosillo se viva mejor; aunque este tipo de crímenes jamás se podrán evitar, ni siquiera en países con policías y sistemas de procuración o administración de justicia,  avanzados o   implacables. Triste, pero cierto.
Algo que deberán tomar en cuenta los observadores que reparten  culpas de manera convenenciera y con afanes políticos.
SSSSSSSS… Vaya regalazo de cumpleaños que recibirá el Fiscal Anticorrupción de Sonora, Odracir Espinoza Valdéz, pues recibirá en Washinton, D.C. un reconocimiento por su aportación a la lucha en contra de ese flagelo de sociedades y gobiernos, de manos del mismísimo Presidente de los EEUU, Barack Obama.
Odracir, fue invitado por el Departamento de Estado de aquel país. Junto a otros personajes destacados del mundo en el tema del combate a la corrupción, incluyendo a 20 lationamericanos.
Imagínese cómo andarán los bonos de Odracir a su regreso a Hermosillo, después de haber compartido experiencias con funcionarios federales de lo s EEUU y del resto del mundo.
Seguro esta distinción le servirá para acallar a las lenguas viperinas que buscan a toda costa desacreditar su trabajo, sin lograrlo hasta hoy, no sólo por su capacidad, sino también por la confianza que le dispensa la Gobernadora Claudia Pavloovich.

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